,,Felisberta Pach
Roca, es entonces que recuerdo los roqueríos que crucé y que, ahora imaginando, habré de cruzar con el cuerpo que tuviera. Es largo de contar, pero no me demoro. Ayer me topé con la señora mamá de un compañero que no veía, y me dijo que Juan Roberto partió a España y que, desde que se fuera harán dos meses, sólo recién había tenido noticias suyas. Ella estaba la mar de contenta. Después de eso, descubrí un collar entre sus manos, un collar de perro el cual llevaba el nombre de Pili. El caso es que ese nombre me trajo a la memoria a quien he querido, en vano, olvidar. A Felisberta Pach.
ORDEN
La noche tenía cara de hijo,
mientras que el hombre y rondín no tenía cara
sólo un amague de presencia y ser.
El sol fue implantándose en la verdura,
en las techumbres, sutilmente,
a la manera de lo que es gradual.
El hombre hizo del tiempo desgranado su ración;
y la noche, al amanecer, se disolvió en grumos.
COPO

Ahora que te salieron las patas de gallo, podrás echarme en cara mi Notre Dâme, mi cuello emplumado. Hagamos las paces entre este mastín cojo y este caballo con el lomo ensangretado, flores de sangre a flor de piel. Llámame, Pilar. A veces se me infla la boca de arroz y en ese cuándo sólo digo: copo. Claro, el viejo que nos miraba (o te miraba) desde una de las mesas del Halcón, no lo he vuelto a ver.
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