15 de septiembre de 2009

El cielo implacable



Me hundí en la marisma, no digamos que vi fuegos fatuos. Sus bordes eran un bodrio, y zancudos se recostaban sobre las estables aguas.
Me hundí y digamos, más bien, que fue abierto el envoltorio del silencio.
Como un barril resonante, durante un tiempo oí el choque entre mis dos corridas de dientes. Después cesó todo, incluso la redacción.

Entonces me hicieron sentido los espejos de agua; divisé, invertidos, unos pájaros, nubes y cosas por el estilo; tan sólo el cielo implacable no tenía derecho ni izquierdo.


28 de agosto de 2009


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17 de agosto de 2009

Felisberta Pach



Roca, es entonces que recuerdo los roqueríos que crucé y que, ahora imaginando, habré de cruzar con el cuerpo que tuviera. Es largo de contar, pero no me demoro. Ayer me topé con la señora mamá de un compañero que no veía, y me dijo que Juan Roberto partió a España y que, desde que se fuera harán dos meses, sólo recién había tenido noticias suyas. Ella estaba la mar de contenta. Después de eso, descubrí un collar entre sus manos, un collar de perro el cual llevaba el nombre de Pili. El caso es que ese nombre me trajo a la memoria a quien he querido, en vano, olvidar. A Felisberta Pach.

11 de agosto de 2009

ORDEN


La noche tenía cara de hijo,
mientras que el hombre y rondín no tenía cara

sólo un amague de presencia y ser.


El sol fue implantándose en la verdura,
en las techumbres, sutilmente,
a la manera de lo que es gradual.


El hombre hizo del tiempo desgranado su ración;
y la noche, al amanecer,
se disolvió en grumos.

2 de agosto de 2009

COPO


Ahora que te salieron las patas de gallo, podrás echarme en cara mi Notre Dâme, mi cuello emplumado. Hagamos las paces entre este mastín cojo y este caballo con el lomo ensangretado, flores de sangre a flor de piel. Llámame, Pilar. A veces se me infla la boca de arroz y en ese cuándo sólo digo: copo. Claro, el viejo que nos miraba (o te miraba) desde una de las mesas del Halcón, no lo he vuelto a ver.

10 de julio de 2009

El tarareo matutino


Oí el tarareo matutino; es la luz, los secretos dulces de sobremesa, el desliz, el robo, la pregunta enorme. Y, aunque la bandada hacía un arco, estaba el viento, el árbol renegrido, el rocío reciente.

8 de julio de 2009



La curva que desvirtúa el recorrido fue producto de una irrupción natural, como los Andes donde recogió fósiles marinos un púber. Este irrumpir de la naturaleza, sin embargo, no fue sino súbito, como el espanto de la niña del lago siempre que visitaba de noche a los vecinos, teniendo que cruzar un pinar.
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Nació, así, la curva.
Toda recta rasante supone, en el planeta, rodeos. Aunque, perfectamente, cabe tirar un trazo sin tope, justo entre el hemisferio derecho y el izquierdo del cerebro. Pero la intelectualización, cuando se trata de levantamientos telúricos, parece una campanilla de llamado sin badajo o con un badajo de goma. Además, el nacimiento de uno es cosa nebulosa, ya que, de ese entonces, ¿quién recuerda? En todo caso, la niña del lago -debido a la reiteración de su visita nocturna- acabó desafiando en silencio a los trasgos del bosque, los cuales tampoco se hicieron presentes. Ella creció, luego, a la velocidad con que una piedra cae, vertiginosa y ciegamente.
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El hecho de la curva, pese a las jorobas, no habla de que, a la vuelta, la cascabel ataque su cola. Es más, la irrupción es antecedida por una latencia gestada en un beso, como el beso que se dieran unos muchachos, con un cerro de fondo y el mar de fondo.

7 de julio de 2009

Sueños

Para C. Q.

Gestación, lugar. Allí fue donde viste por primera vez conductos y agarraderas. Yo estaba inquieto con la humadera que salía del fuego. El andino con quien compartíamos era de lo más amable. De pronto, un avechucho se dejó oír y, levantando la cabeza buscándole, nos pasmamos con lo estrellado que estaba:


Soñaba con confirmar lo soñado una vez despierto. Era un sueño pertinaz; me tenía durante el día expectante, a la siga de juntar mis pasos actuales a los pasos soñados. De ocurrir, sueño y realidad se habrían urdido, y mi voz habría entonado la canción transversal.
Pero, hasta donde yo sé, la noche sólo me trae restos, o el día únicamente un plato desbordante.
Pero soñé despierto con unos ojos de armiño, entrevistos sin faz que los sostengan, unos puros ojos que todo su rostro eclipsaban.
Soñaba, asimismo, una carrera terminante en un hombro al descubierto. Era verano y todas las carreras y los caminos terminaban en ese hombro desnudo.

La sombra de una estrella arrumbada en un rincón.

Hasta que soñé contigo, primer y último amor, único amor. Ibamos totalmente desmentidos, llevando intermitentemente las manos llenas de arena de tiempo.

5 de julio de 2009

Reseña sobre obra de Fulvio Valle



Fulvio Valle aceptó de
buena gana mi intento por reseñar este dibujo, cuyo título es el siguiente: Cachos y una Mano. (14 cm x 24 cm, técnica digital). Fulvio me advirtió que recién empezaba su
trabajo artístico computacional, así es que era probable que sus
Cachos
llevaran el sueño del óleo y el pincel. Llevándolo o no este sueño, el hecho manifiesto es que la obra en cuestión se levanta en un mundo blanco, definitivamente
blanco. Tal vez toda obra computacional se levante sobre un fondo y superficie definitiva, ajena al
amarillo o al color del desgaste del desgaire.


Por otra parte, cabe destacar que la mano que funciona como semihorizonte, enmarcada por un verde jaspeado de rojo aguado, no se sabe de dónde
viene, sino que de donde Fulvio ha hecho peso y confusión. Vale decir, la fracción izquierda del
módulo. En efecto, donde hubiera cuerpo, trazas de masa y voluminosidad, hemos de esperar vérnoslas con que algo (animal o inerte) escape o sea expulsado de allí.

4 de julio de 2009

Aníbal


¿Conque salió
con el sol
y todavía no llega?


No. Y nadie
lo ha visto
ni nada.

Se nombra Aníbal
y estuvo muy
enamorado.

Yo lo conocí
la otra vez
y me pareció un guarro.

20 de junio de 2008

para olvidar



Fue de lo más raro, en el sentido de excepcional y único. Ocurrió la medianoche del jueves, justo después de haber comido con mi abuela. Yo venía caminando desconcentradamente y un doberman morado -de lo negro que era- se sacudió tras unas rejas de hierro forjado, de puntas de boyscout, y en cosa de segundos, lo vi del lado de acá. No pude ocultar este agresivo temor que entrega la adrenalina. Nos vimos y la mordida parecía firmada. Cerré los ojos y me creí huyendo o defendiéndome. Fue de lo más raro, el doberman vino y me mordió el muslo, mientras yo pateaba y me encomendaba a san Cachuchazo.

El chaquetón (que me llegaba cerca de las rodillas) intenté sacármelo de forma de zafarme de su encarnizado hocico, hasta que me lo saqué zafándome momentáneamente de él. ¡Hubiéranme visto con dicha prenda empleada como capote de torero! El doberman más buscaba a este pájaro que a mí. La escena se prolongaba y ya veía que, entre tanta dentelladas, al fin me hincaba el diente.
No podía continuar a la defensiva, debía pasar al ataque. No sé dónde lo habré aprendido, pero gruñí portentosamente y me tiré al cuello de mi ofensor, reprimiendo su cabeza con las manos. Y me concentré en mis dientes caninos.

Al rato, el perro yacía sobre la berma y yo, cojeando, me retiraba. Tomé el micro. LLoré y oré. Hoy mi muslo no enseña cicatriz. Raro, bien raro.


5 de mayo de 2008

Humo y política


La señora K., para cuando se incendiaron pastizales y cuyo humo alcanzó a Buenos Aires (abril, 2008), dijo que esta humareda era producto de la desastroza naturaleza humana -naturaleza muy lesa por lo demás-; además, en el mismo discurso, mencionó que lo ocurrido difería de la nube que, alguna vez, se impuso sobre no sé qué población de la República, en efecto, difería pues esta otra nube de humo se debía a la natural erupción de un volcán, cabe recalcarlo, chileno. (El Volcán Hudson, agosto, 1991).
Semanas después de esta intervención, el volcán Chaitén desola sus alrededores, alcanzando su humareda la nación argentina. (mayo, 2008)

En conclusión, la señora K. se adelantó a los hechos que, hoy por hoy, golpean la zona; puso sobre relieve la realidad volcánica del país vecino. Por esto, si es que hubiera feedback entre la naturaleza y el ser humano, en este escenario se ha dado a ojos vista; el volcán Chaitén no tardó en respaldar con hechos la retórica de la presidenta che.

3 de mayo de 2008

Sobre azul

Mi jefa me dio el sobre azul y yo lo tiré, sin abrirlo, por la misma ventana. El sobre descendió planeando los dieciocho pisos, tras los cuales tocó el suelo.
De allí lo recogió Luis quien, al leer su desatado contenido, quedó boquiabierto. Si no era a él, ¿a quién iba dirigida la misiva? Luis miró en derredor con desconfianza, todos vamos por la cuerda floja, dijo y sintió lástima por el despedido, ahora probablemente censante. La corbata, de pronto, se convierte en un arma automática.

Me habían despedido y quedaba a la deriba.


Luis había guardado el sobre en uno de los bolsillos de su chaqueta, y lo llevaba como quien lleva una curiosidad lista para ser expuesta. Llegó a su departamento, vació sus bolsillos en la mesa -según la costumbre que tenía, y entre los papelitos vio ese de color azulado y recordó su contenido: "A causa de las expensas hechas, que dieron pérdidas,
su finiquito le será depositado el día hábil que sigue. Atte. La Dirección"

Pero la cosa es que tiré el sobre por la misma ventana, y empaqué sin levantar la vista, como a quien le son descubiertas mentiras hiperbólicas. Me retiré en silencio. Abajo busqué el sobre sin dar con él. Total, concluí, su lectura no hará que recobre mi puesto.

A Luis, después de leer, le dio por creer que todo era una humorada. Los sobres azules como aviso de despido no se dan en realidad.

28 de abril de 2008


"El mono no entiende, pero está siempre queriendo entender."
La miré y estaba toda chascona, como un mascarón de proa. Quité en seguida la vista y, al volver a mirarla, estaba toda chascona, como alguien que desesperó y fue fotografiada. Y entonces la dije, aquí tienes un peine, por el momento. Habré sonado banal a sus oídos, pero no me correspondía a mí oírla confesarse, a mí que apenas la venía conociendo. ¿Una peineta?, me preguntó extrañada, al borde de la vociferación denostante. Sí, dije, es que está toda despeinada y no es el lugar ni la hora. ¿El lugar ni la hora?, repitió ella igualmente extrañada. La verdad es que no debí decirle esto último, no había motivos, es que deseaba a toda costa que se compusiera, me desordenaba mirarla. ¿El lugar ni la hora?, dijo de nuevo, totalmente abismada. Yo, como decía, no debí llamar al orden como lo hice, pero es que su visualización me complicó y quise zafar de inmediato, es que no me correspondía a mí el consuelo, a lo más el peine y un llamado al orden civil. ¿El lugar ni la hora?, preguntó por tercera vez, visiblemente inquieta. Sí, afirmé yo, sin habermelo propuesto, ni el lugar ni la hora. Ah, dijo ella, sin levantarse del suelo, sin parecer todavía querer empezar a peinarse. No me explico cómo, estando arrepentido, reincidí y dije lo que dije, la cosa es que confirmé mi desatino y sentí que me hundía en un pantano, en un dicere impropio. Y, sin darme cuenta, revolví mis cabellos, quedando tal cual ella estaba, toda chascona.




18 de abril de 2008

tranca intelectual

In mente, como leí una vez en un libro. Me parece de lo más atractivo eso de que in mente haya habido un reloj. Así y todo, levanté la vista y no vi más que una cortina de fieltro que daba clara cuenta de que el sol estaba afuera. "Con estos materiales, tienes un novelón", me desafía un novelista. Yo, desde que perdí la partida, me abstengo de los desafíos, en específico de aquellos en que mis seres queridos no están enredados. Creo que la valentía no es más que doctrina y situación. Ejemplo, el buen policía ve en todo trance una oportunidad para defender su investidura. El novelista reflexiona: "Los campos semánticos: la cobra, el codo, la brazada, la dentellada, el veneno." Pero yo, sin embargo, no asumo que se llamen "campos semánticos" las simples asociaciones verbales; debiera revisar los manuales.

25 de marzo de 2008

Sergio, Ada, Lucía, Juan, Inés, Miguel



Sergio, de contextura y garbo de guaripola, había nacido en provincia; Ada en la provincia vecina, ella era de estatura media y se decía aficionada a la música. Se conocieron en un paseo familiar que dio Juan Zapone, el padre de Ada y Lucía, al cerro la Gitana. Sergio había ido allá junto a Inés Moncada, su enamorada. Los grupos en la zona habilitada para hacer camping no tardaron en hacer migas, ¡era tanta la amplitud del espacio! Sergio y Ada cruzaron unas palabras: ambos eran fans de Los Juntos, la banda interprovincial de moda de aquellos tiempos. Sergio e Inés, por otra parte, rompieron relaciones a la semana de este paseo.

Sergio y Ada se encontraron de nuevo por casualidad. Fue para las fiestas de fin de año en la ribera del río Alto, las cuales eran las más difundidas de la región. Allí bailaron bastante.

Poco después, Sergio se animó a visitarla, tomando el interruta. Ada, en compañía de su hermana Lucía, lo aguardaron en la estación. ¿Por qué no te quedas a alojar? Los padres de Ada no se opusieron: él estaba de paso, se le había hecho tarde.

A primera hora, Ada le recomendó irse.

Según se supo, esa noche Lucía recibió equivocadamente el interés del invitado. Ella iría a gritar si no se iba. Sergio retornó a su "cama" en el living. Hubiera preferido arrancar de allí, pero estaba conectada la alarma. Ada pensó que no se había equivocado.

En el bus de regreso, no entendía el trato de su presunta enamorada. Divisó a Inés por la ventana, iba de la mano con alguien. Al llegar, Sergio organizó con su hermano Miguel una subida a la Gitana. Empezaba el otoño, no se toparon nadie.

19 de marzo de 2008

carta perdida


"Pasaron muchos años antes de que tuviéramos noticias de ti. La verdad es que durante todo este periodo de silencio, siempre te recordábamos y pensábamos si definitivamente habías asumido tu invalidez. Fue terrible tu partida tras el accidente que malogro tu espinazo: no bien accediste al beneficio de la silla de ruedas, nos miraste con rencor y te alejaste con la excusa de que probarías la máquina. Al rato, desesperados, salimos en tu búsqueda y no estabas por ninguna parte.

La prensa sensibilizó entonces con nosotros, y era prácticamente toda una ciudad buscándote.

La mirada cargada de rencor que nos prodigaste nos dolió un mundo.

Así pasaron los meses y creímos que habías muerto sin dejar rastro. Pero en el fondo seguíamos engañándonos con que, de verdad, probabas la máquina. Que no había pasado todo este tiempo, sino tan solo la hora presupuestada para una prueba consistente. El día que recibimos noticias de tu situación, has de saberlo, fue el día en que Sadam Hussein fue ajusticiado por los norteamericanos.

Te agradecemos, más allá de toda la angustia provocada, este gesto que has tenido con nosotros. Tu esquela no decía gran cosa, pero decía lo suficiente: habías rehecho tu vida.

De todas formas, nos harías tremendamente feliz con una señal de tarde en tarde. Hubiéramos preferido reencontrarnos, pero no vamos a discutir tu decisión."

4 de marzo de 2008

satélites

La ilusión era múltiple, pulposa. Hay que revertir la imagen antojadiza. Pulpo, tentacular. Es decir, convengamos en que la ilusión pulposa era como el niño que busca ojos por donde mirar. De este modo se ha revertido la ambición del pulpo en una observación superlativa.

De Huite ya lo dijo en una desastrosa conferencia: "Los satélites artificiales no requieren un diseño discoide, lo pulpoloidal les daría dividendos, es cosa de ver como ve esa cosa. Y el mito de la medusa, fatalidad de cabello ensortijado y vidente, no es gratuito. En la profusión tentacular, no el disco del cíclope, se halla el summun informativo[...]"

28 de febrero de 2008

Y entonces?

27 de febrero de 2008

se oscurece a diario

Davo y Regina entraban en su habitación y, a tientas, competían amorosamente por encender la lamparita a un costado de la cama. Por lo común desistían en la búsqueda del interruptor y quedaban sus brazos colgando, serpientes enlazadas. Y los segundos tenían rabia y las milésimas el doble. Davo y Regina, se oscurece a diario, preferían que sus huesos se tocaran antes que sus muslos, sus antebrazos. Rotulas como estrellas frías; caderas como baranda en mañana de invierno. Y entonces entraban en su habitación, a tientas, y les gustaba cobijarse allí como dos extraños que, temerosos de los vecinos, no dan indicios de ocupación.
Como estrellas frías, codos que se tocan, hueso que intimida con una piedra.

25 de febrero de 2008

líneas generales

En líneas generales, este blog se inserta en el ciberespacio -donde los cibernautas van y vienen envueltos en niebla- a fin de descorrer la cortina de mi nombre. En este sentido, también el tímido daría cuenta, aunque de soslayo, de su centro. Pero acá cabe romper con la idea de la superexposición; es decir, aunque "cuestiones afines" se inserte en el enorme ciberespacio, eso no significa que la aeromoza se desnude para complacer a un viaje hambriento.

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