pecho,
nos veremos y caerás rendida,
ebria de amor.
El pájaro oscuro de la esperanza
entonces se dormirá en nuestras manos.
El mundo parirá el mundo,
y un viento fresco perseguirá nuestros pasos.
Diego Álamos Mekis


Antes de volver ni lo había pensado, pero una vez llegada lo recordó todo. Claritza por su parte era de modales tiernuchos y su rostro delataba sentimentalismo, además de ser un poco paliducha. Recordó, así, a su abuela siempre regañando a su madre quien la atendía casi en todo, a su padre y a la tía Maru que estaba enconada con ella desde que supo que participaría de estos cursos. El encono suele ser inmotivado y gratuito, Claritza cumplió con mostrarse a su tía insolentemente despreocupada por lo que fuese decirle.












