COPO


Ahora que te salieron las patas de gallo, podrás echarme en cara mi Notre Dâme, mi cuello emplumado. Hagamos las paces entre este mastín cojo y este caballo con el lomo ensangretado, flores de sangre a flor de piel. Llámame, Pilar. A veces se me infla la boca de arroz y en ese cuándo sólo digo: copo. Claro, el viejo que nos miraba (o te miraba) desde una de las mesas del Halcón, no lo he vuelto a ver.

No hay comentarios:

...

...
...