
Soñaba con confirmar lo soñado una vez despierto. Era un sueño pertinaz; me tenía durante el día expectante, a la siga de juntar mis pasos actuales a los pasos soñados. De ocurrir, sueño y realidad se habrían urdido, y mi voz habría entonado la canción transversal.
Pero, hasta donde yo sé, la noche sólo me trae restos, o el día únicamente un plato desbordante.
Pero soñé despierto con unos ojos de armiño, entrevistos sin faz que los sostengan, unos puros ojos que todo su rostro eclipsaban.
Soñaba, asimismo, una carrera terminante en un hombro al descubierto. Era verano y todas las carreras y los caminos terminaban en ese hombro desnudo.
La sombra de una estrella arrumbada en un rincón.
Hasta que soñé contigo, primer y último amor, único amor. Ibamos totalmente desmentidos, llevando intermitentemente las manos llenas de arena de tiempo.
Pero, hasta donde yo sé, la noche sólo me trae restos, o el día únicamente un plato desbordante.
Pero soñé despierto con unos ojos de armiño, entrevistos sin faz que los sostengan, unos puros ojos que todo su rostro eclipsaban.
Soñaba, asimismo, una carrera terminante en un hombro al descubierto. Era verano y todas las carreras y los caminos terminaban en ese hombro desnudo.
La sombra de una estrella arrumbada en un rincón.
Hasta que soñé contigo, primer y último amor, único amor. Ibamos totalmente desmentidos, llevando intermitentemente las manos llenas de arena de tiempo.
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