se oscurece a diario

Davo y Regina entraban en su habitación y, a tientas, competían amorosamente por encender la lamparita a un costado de la cama. Por lo común desistían en la búsqueda del interruptor y quedaban sus brazos colgando, serpientes enlazadas. Y los segundos tenían rabia y las milésimas el doble. Davo y Regina, se oscurece a diario, preferían que sus huesos se tocaran antes que sus muslos, sus antebrazos. Rotulas como estrellas frías; caderas como baranda en mañana de invierno. Y entonces entraban en su habitación, a tientas, y les gustaba cobijarse allí como dos extraños que, temerosos de los vecinos, no dan indicios de ocupación.
Como estrellas frías, codos que se tocan, hueso que intimida con una piedra.

Este blog se inserta en el ciberespacio, donde los cibernautas van y vienen envueltos en niebla, a fin de descorrer la cortina de mi nombre.



Influencias que retan a los sentidos a resistir.(1) Sobre el traje colgaba la lluvia, mientras que bajo los pies la tierra se agitaba como mar trasquilado.

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(1) Este punto pudo haber sido punto aparte.

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