Me hundí en la marisma, no digamos que vi fuegos fatuos. Sus bordes eran un bodrio, zancudos se recostaban sobre las estables aguas.
Me hundí y digamos que fue abierto el envoltorio del silencio.
Como un barril resonante, oí el choque entre mis dos corridas de dientes. Después cesó todo, incluso la redacción.
Como un barril resonante, oí el choque entre mis dos corridas de dientes. Después cesó todo, incluso la redacción.