"El mono no entiende, pero está siempre queriendo entender."
La miré y estaba toda chascona, como un mascarón de proa. Quité en seguida la vista y, al volver a mirarla, estaba toda chascona, como alguien que desesperó y fue fotografiada. Y entonces la dije, aquí tienes un peine, por el momento. Habré sonado banal a sus oídos, pero no me correspondía a mí oírla confesarse, a mí que apenas la venía conociendo. ¿Una peineta?, me preguntó extrañada, al borde de la vociferación denostante. Sí, dije, es que está toda despeinada y no es el lugar ni la hora. ¿El lugar ni la hora?, repitió ella igualmente extrañada. La verdad es que no debí decirle esto último, no había motivos, es que deseaba a toda costa que se compusiera, me desordenaba mirarla. ¿El lugar ni la hora?, dijo de nuevo, totalmente abismada. Yo, como decía, no debí llamar al orden como lo hice, pero es que su visualización me complicó y quise zafar de inmediato, es que no me correspondía a mí el consuelo, a lo más el peine y un llamado al orden civil. ¿El lugar ni la hora?, preguntó por tercera vez, visiblemente inquieta. Sí, afirmé yo, sin habermelo propuesto, ni el lugar ni la hora. Ah, dijo ella, sin levantarse del suelo, sin parecer todavía querer empezar a peinarse. No me explico cómo, estando arrepentido, reincidí y dije lo que dije, la cosa es que confirmé mi desatino y sentí que me hundía en un pantano, en un dicere impropio. Y, sin darme cuenta, revolví mis cabellos, quedando tal cual ella estaba, toda chascona.




In mente, como leí una vez en un libro. Me parece de lo más atractivo eso de que in mente haya habido un reloj. Así y todo, levanté la vista y no vi más que una cortina de fieltro que daba clara cuenta de que el sol estaba afuera. "Con estos materiales, tienes un novelón", me desafía un novelista. Yo, desde que perdí la partida, me abstengo de los desafíos, en específico de aquellos en que mis seres queridos no están enredados. Creo que la valentía no es más que doctrina y situación. Ejemplo, el buen policía ve en todo trance una oportunidad para defender su investidura. El novelista reflexiona: "Los campos semánticos: la cobra, el codo, la brazada, la dentellada, el veneno." Pero yo, sin embargo, no asumo que se llamen "campos semánticos" las simples asociaciones verbales; debiera revisar los manuales.

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