Fue de lo más raro, en el sentido de excepcional y único. Ocurrió la medianoche del jueves, justo después de haber comido con mi abuela. Yo venía caminando desconcentradamente y un doberman morado -de lo negro que era- se sacudió tras unas rejas de hierro forjado, de puntas de boyscout, y en cosa de segundos, lo vi del lado de acá. No pude ocultar este agresivo temor que entrega la adrenalina. Nos vimos y la mordida parecía firmada. Cerré los ojos y me creí huyendo o defendiéndome. Fue de lo más raro, el doberman vino y me mordió el muslo, mientras yo pateaba y me encomendaba a san Cachuchazo.
El chaquetón (que me llegaba cerca de las rodillas) intenté sacármelo de forma de zafarme de su encarnizado hocico, hasta que me lo saqué zafándome momentáneamente de él. ¡Hubiéranme visto con dicha prenda empleada como capote de torero! El doberman más buscaba a este pájaro que a mí. La escena se prolongaba y ya veía que, entre tanta dentelladas, al fin me hincaba el diente.
No podía continuar a la defensiva, debía pasar al ataque. No sé dónde lo habré aprendido, pero gruñí portentosamente y me tiré al cuello de mi ofensor, reprimiendo su cabeza con las manos. Y me concentré en mis dientes caninos.
Al rato, el perro yacía sobre la berma y yo, cojeando, me retiraba. Tomé el micro. LLoré y oré. Hoy mi muslo no enseña cicatriz. Raro, bien raro.
3 comentarios:
las cosas que se es capaz de hacer con adrenalina
Saludos
âllo!!! si j'ai bien compris un chien t'a mordu?. Alors la jambe ça va?
A plus
J
Hola D y entonces cuandonos vemos por ahi por la vida.....
J
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